¿Qué es el pecado?, ¿quién no ha pecado?, quien esté libre de pecado, que tire la primera piedra.
Petra buscaba en el diccionario de la web el significado de pecado y pecadora, palabras que no entendía y que siempre eran utilizadas por sus vecinas para describirla. En la calle le llamaban “pecadora” y cuando se atrevían a cruzar alguna palabra con ella terminaban diciéndole que vivía en el “pecado”, pero no, a ella no le quedaba claro y encontró que los griegos tenían el concepto de pecado “de aquél que vivía al margen de lo esencial debido a una actitud errónea”; en lo religioso “a una transgresión voluntaria de normas o preceptos religiosos”. Pecadora entonces es “aquella que vive en una actitud errónea y que rompe con el orden”. Ella seguía inconforme —pero… si soy pecadora, ¿qué pecados he cometido?, ¿cuáles son las normas que he violado?—, siguió buscando más sobre el tema y se encontró con los siete pecados capitales.
Basándome en esta lista de los pecados capitales… pues si he practicado varios de ellos, pero para que me llamen así, no es para tanto. Y gritarme en la calle —¡Que la quemen en leña verde!, ¡pecadora!, ¡exageran!
Prosiguió en la búsqueda y llegó a los diez mandamientos: amarás a Dios sobre todas las cosas, no tomarás el nombre de Dios en vano, santificarás el día del Señor, honrarás a tu padre y a tu madre, no matarás, no cometerás actos impuros, no robarás, no dirás falso testimonio, no mentirás, no consentirás pensamientos ni actos impuros y no codiciarás los bienes ajenos —¡ah chinga!, hasta ahora conozco los otros nueve mandamientos, el único que me sabía era por la canción de “El noveno mandamiento” de los Vázquez. Ahora si me quedan más claras las cosas. Pero ¿llamarme pecadora?, ¡exageran!, pinches viejas envidiosas. Sólo porque ellas no pueden recibir a sus amigos en su casa en la madrugada para que les hagan compañía o recibir regalos a cambio de favores, ¿para qué chingados se casan a los 16 y 17 años? y dicen que yo soy quien no tiene llenadero.
Petra tomó su morral y salió a caminar. No dejaba de pensar en los posibles pecados que pudiera haber cometido y si vivía en el pecado o no. Sacó un cigarrillo de cannabis, y se recostó en el pasto del bosque que está cerca de su casa. Miró las nubes y comenzó a buscarle forma a cada una de ellas, tal vez era el efecto de la marihuana. También recordó su historia con Mären, aquél hombre que se fue a España por un año y ya llevaba cinco. Derramó algunas lágrimas y la expresión de sus ojos cambió. Se llenaron de rabia y odio y maldijo mil veces su nombre y recuerdo, primer pecado, la ira. No entendía porque no había regresado si ella le había entregado todo, había dejado a todos esos hombres con los que contaba según la ocasión.
El día que escuchó por primera vez a la Gran Banda fue en el restaurante Lobsters. Esa noche fue su primer encuentro con él, como su primo era el dueño del restaurante pudo obtener los lugares principales. Comenzaron a salir los músicos y por ultimo salió Mären, el Director Musical. Le impactó su sonrisa franca y el brillo que tenía en los ojos; su voz, y como pronuncia ligeramente la “d” por la “s”. Desafortunadamente él iba acompañado, al parecer era su novia, pero qué importaba si ella tenía a un hombre en casa, ¡oh!, ¡oh!, ¡actos impuros!, envidió a aquella mujer y deseo que se muriera en ese instante (tercer pecado), le dijo a Felip que los presentara, él solo sonrió y le respondió:
—está acompañado, está con su chica.
—y eso ¿qué?, no me vas a decir que es mejor que yo.
La soberbia por delante, tenía que dejarse de llamar Petra para no sentirse la más hermosa y mejor que todos. Los presentaron y mostró su faceta estúpida para que aquella mujer no sintiera temor de su presencia. Finalmente, como él tenía que esperar a que recogieran todos los instrumentos su chica se retiró. Esa noche fue su gran noche y con su perseverancia logró que Mären se quedara con ella y ella puso punto final a su relación de muchos años.
El churro ya iba a la mitad, sacó las galletas saladas que había echado al morral y el queso philadelphia —estarían mejor unas tapas españolas pero ni hablar—, la vista se le nubló. Sonrió y se preguntó:
—¿Lujuria, gula…?, ¿contará como pecado aquel día que invité a Mären a comer las deliciosas tapas españolas que venden en la “Jersey” y que al comerme la tapa de jamón serrano con queso de oveja tuve un orgasmo culinario?, sentí cómo me humedecía, mis líquidos se deslizaron lentamente por mis piernas y ¿qué decir cuando llegué al postre que lleva queso mascarpone, nuez y miel?, ¡mmmmmhhh!—, petra al recordar cerró los ojos, se chupó los dedos que estaban embarrados de queso y se los llevó entre las piernas, los sacó y los regresó a sus labios, pero adicionado con sus fluidos.
—El vino tinto que regalan para acompañar los manjares que ahí se comen no es de la mejor calidad pero no le hago el feo—, desplazó su lengua por sus labios se mordió el labio inferior y bebió un trago del mezcal que su amiga La Gorda le regaló, se le derramó un poco hasta llegar a sus tetas, aquellas tetas hermosas, duras y redondas que tanto le gustaban a él, siempre que ella estaba arriba él sólo le decía: —¡dámelas que me las quiero comer!, ¡estás riquísima!, no entiendo que busca tu wey en otro lado—. En realidad ahora era ella quien no comprendía ¿por qué no había regresado como lo había prometido? Por supuesto que sabía que las pinches españolas eran bien calientotas, pero ella también lo era, incluso cuando la notaba seria le preguntaba el por qué de su indiferencia —¿no vas a saludar a mi amigo?, él te ha extrañado mucho y tú no le haces caso—, Petra sonreía y se agachaba para saludar al que tanto la extrañaba. Él, seguía manejando. Su cuerpo se contorsionó y se dejó caer sobre el pasto.
Le dio otra fumada a su churro y cerró los ojos, a tientas encontró su morral que estaba a su lado y se lo puso sobre su vientre, cubriéndose parte de las piernas. Metió la mano dentro del pantalón hasta encontrarse con el camino espeso y viscoso.
Aquel día que estaban degustando las deliciosas tapas Petra cuidadosamente se acercó a Mären y le dijo un secreto al oído acompañado de un lengüetazo —estoy muy mojada, escurro de lo caliente que me ponen estos sabores, no hay cosa más deliciosa que comer y coger, quiero que ahorita y aquí me lo hagas—, Mären que era más precavido en público sólo sonrió y le dijo que esperara y se sonrojó. Discretamente ella se acarició las tetas, se puso de espaldas a él y recogió la servilleta que sin darse cuenta había tirado, él la tomó por la cintura y se recargó en ella. La chica que los estaba atendiendo sólo los observaba y comenzaba a excitarse, ella también se tocaba discretamente detrás del refrigerador de las carnes frías.
Su compañera, que se llamaba Rosy según el botón que portaba de lado derecho de su playera, quien estaba a cargo de levantar los pedidos de los comensales fue a verla porque se dio cuenta que estaba pasmada y seguramente también muy mojada. Rosy aprovecho para sacar una botella de vino tinto del refrigerador y al igual que Petra se agachó y sintió cómo su compañera se repegó sobre sus caderas, ella se levantó de inmediato. Al querer decir algo ya tenía embarrado en los labios un poco de salmón, el cual fue retirado con la lengua de aquella mujer que había sido contagiada por la calentura de los presentes. Rosy sintió como le erizaba la piel pero era algo que siempre había querido experimentar y besó a su compañera mientras la otra movía sus dedos que estaban aprisionados en la tanga morada y el vello púbico rubio de Rosy.
Mären y Petra no quisieron ser simples espectadores y se fueron a la casa de ella que estaba muy cerca de ahí, por supuesto sin antes pasar a comprar varias botellas de vino tinto y llevarse variedad de quesos y carnes pero sobre todo salmón. Llegaron, él sacó el sax, interpretó algunas melodías e hicieron el amor todo el fin de semana, como nunca lo habían hecho, ya que se imaginamos cómo pudieron haberse tocándo esas dos mujeres, y como nunca, quedó hastiada de tanto comer y beber, ¿de hacer el amor con él?, jamás me cansó.
¡No manches!, ¿cuántos pecados en un solo recuerdo?, ¿me eximirá de algunos de ellos si hago honor al tercer mandamiento?, formo parte del Patronato de fiestas de mi pueblo, además honro a mi madre. ¿Contará el día que me robé el gansito de la tienda de don Chencho y que además juré que no había sido cierto cuando me acusó con mi abuela?, ¡uta madre!, mejor ya le paro porque si llego al punto donde nos acostamos Bulmaro y yo que es el hijo de la hermana de mi padre.

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